El avión volaba bajo buscado con la visual la pequeña pista de aterrizaje de tierra. El paisaje había cambiado, ya no eran los llanos secos y áridos, cubiertos de chaparrales de Guárico y Apure, sobrevolábamos una pequeña selva de galería con árboles de follaje más verde que resaltaba sobre el barro colorado.
Después de varios saltos el avión se detuvo y abrieron la puerta. Un vaho caliente y húmedo inundó el interior, empezamos a sudar. Habíamos llegado al refugio de fauna silvestre de la tortuga arrau que protege las playas de nidificación. Una polvareda en la distancia y apareció por entre los árboles un destartalado camión de estacas y más atrás un jeep, en ellos, acompañados de varios Guardias Nacionales y funcionarios de la antigua Profauna, venía el personal de campo de FUDECI. Abrazos efusivos y a montarse en el camión, siendo yo la única mujer que acompañaba al grupo de la Academia de Ciencias de Caracas, por cortesía se me ofreció un asiento en el jeep.
Por la trocha abierta entre los árboles nos dirigimos hasta el pequeño caserío de Santa María del Orinoco. Calor, mucho calor, el río brillaba amarillo oro abajo del barranco, apenas empezaba la temporada de lluvias y todavía no había crecido. Varias matas de mango daban sombra fresca y allí nos sentamos a tomar papelón con limón para refrescarnos.
Al poco rato oímos el ruido de unas avionetas buscando pista y el camión y el jeep salieron por los pasajeros, la gente del Ministerio del Poder Popular para el Ambiente, MINAMB, el general José A. Nakata Guerra, Comandante del Comando Regional Nº 6 de la Guardia Nacional, con sede en San Fernando de Apure y Julio Herrera Velutini, en representación de la familia antigua propietaria de estas tierras, parte del hato La Tigra, adquirido en 1988 por el gobierno nacional para establecer el "Parque Nacional Santos Luzardo" y el refugio de las tortugas arrau, donde ahora nos encontrábamos.
Nuestro anfitrión, el Licenciado Omar Hernández, director ejecutivo de FUDECI, nos explicó los alcances del programa conjunto MINAMB-FUDECI en el refugio de fauna silvestre de la tortuga arrau, área protegida con importantes playas de desove en los bancos de arena y en las isletas del Orinoco medio.
"De cada nido de tortuga pueden nacer hasta cien crías cuyas probabilidades de supervivencia son muy bajas, hasta el punto de que en la mayoría de los casos ninguna de las tortuguillas de una nidada logra sobrevivir el primer año de vida, al ser devorados por reptiles, aves, mamíferos y peces". Cuando las tortugas desovan se localizan los nidos por las huellas que dejan las tortugas en la arena y al hacer eclosión los huevos incubados por los rayos del sol, entre finales de marzo y principios de abril los recién nacidos son recogidos y llevados al zoocriadero establecido por FUDECI en Puerto Ayacucho.
Allí se introducen en grandes tanques australianos con capacidad cada uno hasta 10.000 tortuguillos. Más de un año pasan los animalitos en estos tanques, bien alimentados con concentrado para peces, hasta que alcanzan un tamaño que les garantiza la supervivencia al ser devueltos a las aguas del Orinoco. "Esta excelente alimentación permite un acelerado crecimiento, por lo que las tortuguillas cuando son liberadas presentan una talla corporal que, en condiciones silvestres, quizás hubieran tardado tres o cuatro años en alcanzar. Por ello, el zoocriadero también ayuda a reducir el tiempo que necesitan estos animales para llegar a la madurez sexual o a la edad reproductiva".
Al concluir la interesante exposición del Lic. Hernandez, se nos invitó a bajar por unos escalones tallados en las paredes del barranco; cuidando de no resbalar nos acercamos a las lanchas que nos llevarían por el río Orinoco hasta un banco de arena bastante grande donde estaban los miles de tortuguillos que habían sido trasladados por vía fluvial desde Puerto Ayacucho y esperaban ser liberados.