Con un fuerte rugido de los motores fuera de borda de las "voladoras", lanchas de casco de aluminio de la Guardia Nacional, salimos rumbo al islote de arena en el Orinoco, situado entre la desembocadura de dos de sus afluentes, el Parguaza y el Cinaruco; el sol quemaba pero la brisa cargada de agua del río refrescaba los rostros.
Temprano esa mañana habíamos llegado al refugio de la tortuga arrau para asistir a la liberación de más de 15.000 tortuguillos y en el pequeño caserío de Santa María del Orinoco se sentía "la algarabía de foráneos, expertos, biólogos, Guardia Nacional y la gente del pueblo" que ayudaban a descargar los últimos huacales llenos de tortuguillos,del camión que por una horrorosa carretera de tierra los había traído desde el zoocriadero de FUDECI en Puerto Ayacucho; varios viajes hicieron las voladoras trasladando los huacales hasta el islote de arena donde esperaba una cantidad mayor de animalitos listos para ser dejados en libertad.
Así cumplía FUDECI una de las metas del programa de conservación de la tortuga arrau, especie en peligro de extinción. Otra de las metas de este programa, las actividades de educación ambiental, se llevaban a cabo en el zoocriadero, donde se atendían visitas guiadas de alumnos de escuelas de Puerto Ayacucho, y en las comunidades situadas a orillas del Orinoco y sus afluentes, de forma que niños, jóvenes y adultos asumieran la protección debida a estos animales.